Armario y minimalismo

Hace algunos años empecé a vestir sólo con tres colores; negro principalmente, blanco sobre todo para partes de arriba y en verano, y gris alguna vez que otra.

En ocasiones, he intentado incluir alguna nota de color, por aquello de las modas y tal…siempre ha quedado en intentos fallidos y prendas abandonadas en el fondo del armario.

Sin darme cuenta y sólo por una cuestión de que me veía mejor, me convertí en una minimalista del vestir.

Voy a una tienda y busco jerséis y faldas negras, camisetas blancas y quizás alguna sudadera gris. Lo tengo todo de todos los tipos, jerséis anchos y ajustados, faldas midis y minis, sudaderas con capucha y sin ella…pero todo dentro de esa gama cromática.

Y cada semana, mi aspecto consiste en una mezcla de todas ellas…

Como era de esperar, porque a todo el mundo le gusta opinar, los comentarios empezaron en su momento, y siguen a día de hoy…por qué vas vestida de gótica (éste, aunque parezca de broma, ha sido de los más utilizados), tu ropa es aburrida, siempre vas igual vestida.

A mi me da igual. Me gusta mi ropa, me veo bien y no sufro el mal del probador queriendo comprar la última tendencia y dándome cuenta de que mejor se la dejo a las influencers.

Con esto no quiero decir que no haya comprado sin necesitar, sin que me convenciera del todo cómo que quedaba o sólo por la tontuná del “no tengo ropa”.  Y eso se ha traducido un armario con muchas cosas sin utilizar durante meses y dinero tirado a la basura.

Hace algunos meses decidí poner fin a esta situación; saqué ropa que ni recordaba tener, y aunque aún queda alguna “locurilla de color” por ahí escondida, el aspecto de mi armario a día de hoy de orden y, porque no decirlo, tranquilidad.

Cómo ordené mi armario para pasarme al minimalismo

  • Doblé todo a conciencia y ordené por tipo de prenda; jerseys finos por un lado, gruesos por otro, sudaderas en su sitio y partes superiores con rayas en el suyo
  • Colgué mis faldas con un orden lógico (por supuesto, mi orden lógico); faldas cortas, faldas largas, faldas de vestir, faldas de conciertos…
  • Ordené las camisas por estilos; las más “pititas” por un lado, las más de sport por el otro…
  • Los vaqueros que quedaron en un sitio, y junto a ellos el resto de los pantalones
  • Lo mismo hice con los zapatos, que están en la parte inferior del armario. Siempre los he tenido metidos en cajas, pero sin identificar…Os podéis imaginar la fiesta cada mañana buscando los que me quería poner. Ahora los tengo ordenador por tipos y en cada caja he puesto una descripción; zapatillas Vans de velcro, zapatos de cordón granates, botas hebilla…
  • Compré un par de cajitas para meter cosas más pequeñas como medias, cinturones, gorros, guantes, gafas de solo…
  • Y en un estante he colocado los bolsos de bandolera

El tema de las camisetas es otro cantar, ¡pero también muy ordenadito! Este tipo de prenda la tengo metida en un mueble de cajones y en cada uno de ellos he metido un tipo de camiseta.

 Camisetas de manga larga en uno, de manga corta lisa en otro, de manga corta y rayas en otro y tirantes y sin mangas en otra. Así no hay pérdida a la hora de buscar un tipo u otro.

A día de hoy he conseguido que aproximadamente el 90% de la ropa que tengo en el armario sea ropa que me pongo habitualmente, así que es importante tenerla a mano y visible. Con la última optimización, podríamos decir que está hecho.

Hecho esto decidí optimizar también el bonito proceso diario de decidir qué ponerme.  Puede rozar lo freak, que cada domingo abro mi Excel y escribo qué tengo cada día de la semana y en base a ello elijo una ropa u otra.

Si sé que voy a tener una reunión, indicó un modelo más “elegante”, si sé que voy a ir a un concierto al salir del trabajo, elijo otro.

 Así antes de que empiece la semana ya sé qué me voy a poner cada día…Ojo, esto no es un dogma de fé, ni yo vivo en una dictadura, es mi decisión y se puede cambiar cuando yo decida.

 Por supuesto, preparo la ropa cada noche…¿otra frikada? Puede ser. Pero a mi me da casi 15 minutos más de sueño cada mañana eliminar la tontería de ponerme a sacar, meter, recoger, etc..

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