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Prohibir la publicidad: 3 razones para vivir mejor

Prohibir la publicidad: pero ¿por qué? Ha estado con nosotros desde nuestra infancia pero no ha envejecido ni un poco. Hace soñar a los niños en Navidad, tienta a los más golosos con sus sugerencias culinarias ya veces también nos conmueve con sus manchas sobre temas delicados. Y sin embargo, este personaje tan familiar que ha estado viviendo en tu sala de estar durante todos estos años no es tan benévolo y simpático como parece.

¿Alguna vez te has preguntado por qué, una vez en la sección de desayunos del supermercado, elegiste esta caja de copos de maíz en lugar de otra o este paquete de pasteles en particular? Lo más probable es que la respuesta sea la siguiente: probablemente haya visto un anuncio sobre estos productos. De hecho, el efecto de redundancia tiene un impacto directo en nuestras opciones de compra. Cuanto más esté expuesto a la imagen de un producto, en la televisión o en la calle, mayor será la probabilidad de que compre ese producto en lugar de otro.

La publicidad es el enemigo número uno del minimalismo porque fomenta el consumo excesivo. Es por eso que a Yuri y a mí realmente no nos gustan los comerciales y, aunque solo vemos algunos programas en la televisión, intentamos todo lo que podemos para verlos en repetición, sin ningún comercial. Aquí hay 3 razones por las que debería prohibir la publicidad en su vida.

1. Prohibir la publicidad para recuperar la conciencia

Durante un día típico, tu cerebro está en un estado de vigilancia casi permanente, listo para responder a cualquier posible solicitud. Por el contrario, por la noche, cuando estás tranquilamente en tu sofá esperando que se reanude tu película o tu programa favorito, tu cerebro está relativamente dormido. Así que es un buen momento para enviarle mensajes subconscientes. Los publicistas lo han entendido muy bien y nos hacen tragarnos anuncios como sabrosos chocolates que se nos escapan en el estómago sin que nos demos cuenta de nada. El objetivo de la publicidad es que gastamos nuestro dinero sin ni siquiera pensar en ello, de forma compulsiva y completamente irracional.

A diferencia de la publicidad, el minimalismo nos hace conscientes de lo que tenemos en nuestra vida, nuestras necesidades reales, lo que es esencial y lo que no. Efectivamente, nuestra vida tiene un tiempo limitado, una fecha de caducidad y es fundamental utilizar el tiempo que tenemos en esta tierra de la mejor manera posible, siendo éste específico para cada uno.

2. Prohibir la publicidad para dejar de vivir en ilusiones

Seguro que tú también has soñado algún día con tener el mismo amor a primera vista que esta chica que se bebe tranquilamente su capuchino en la terraza de un café o el cuerpo de ensueño de esta mujer que usa una determinada crema adelgazante. Personalmente, nunca me he enamorado de una terraza de café ni he conseguido un cuerpo de ensueño gracias a las cremas. Pero no pierdo la esperanza y aguanto. Algún día, por fin tendré la vida de mis sueños gracias a una crema antiarrugas o un lápiz labial 😉

Y sí, cada vez y a mi pesar, me engañaban las mismas promesas incumplidas de la publicidad. Siempre imaginé que sería más feliz o más atractiva si tuviera este vestido o ese collar. Y mi decepción siempre estuvo a la altura de mis esperanzas. Incluso con todos los objetos del mundo, seguía teniendo la misma vida y las mismas preocupaciones. ¡Yo era más pobre y estaba más abarrotado de cosas!

La publicidad solo nos sirve en bandeja con una promesa de felicidad ilusoria. Desafortunadamente, esta felicidad nunca se puede obtener a través de un objeto solo. ¡La felicidad está dentro de nosotros, no en cremas o lápices labiales!

3. Prohibir la publicidad para que ya no falte de todo

Lo peor no es tanto la decepción de la que hablo en el punto anterior sino la imagen de nuestras vidas que nos envía la publicidad. La imagen de una vida no lo suficientemente hermosa, no lo suficientemente satisfactoria, no lo suficientemente rica. En resumen, una vida de mierda. Desafortunadamente, esta es mi observación. La publicidad crea en todos una sensación de carencia, como si necesitáramos un producto nuevo cada día, mejor que cualquiera que ya tengamos en nuestros armarios.

En última instancia, nunca estamos satisfechos con nuestras vidas tal como son. Entonces, nunca podemos aprovechar lo que tenemos porque estamos enfocados en lo que no tenemos. Y gastamos nuestro dinero en cosas con la esperanza de que nuestras vidas sean mejores en el futuro en lugar de apreciar los regalos que nos brinda el presente y disfrutarlos mientras aún hay tiempo.

El minimalismo nos anima a aprovechar al máximo lo esencial, lo que ya tenemos. Favorece no lo material sino la experiencia, algo que se puede comprar pero que requiere más ser que tener, más presente que futuro. El minimalismo es en mi opinión un camino real hacia la verdadera felicidad, la más intensa, la más auténtica y la más duradera.

Comparta este artículo para ayudar a sus seres queridos a liberarse de las garras de la publicidad.

Por qué absolutamente debes prohibir la publicidad en tu vida